Martes de ocio, sin ninguna novedad en la oficina, conversaciones de veinte minutos por teléfono, un poco de cansancio y sorpresas, es increíble la forma en que te pueden transformar el día unos simples párrafos.
Ahí estaba yo, resignada a terminar este día con sabor a polvo y adioses tristes, con los ojos cuadrados y agotados después de tanta computadora, recibo otra llamada.
- La viste?
- Si si, la ví (ni idea de lo que me hablaba)
- Esta espectacular no?
- Si si, bellísima.
- Bueno te dejo chau
- Adiós.
En ese momento salí disparada de mi casa, llevándome tres felinos por delante, me pare en la calle, no se veía, corrí media cuadra más…tampoco nada, el sereno de la cuadra me miró preocupado, pero seguramente concluyó que ando media loca.
La curiosidad me arrastró, pero ningún lado de mis calles me permitía verla, tome una escalera, subí a mi techo, y allí fue cuando la encontré, gigante, amarilla, ocultándose entre las nubes… la hermosa luna.



